miércoles, 24 de noviembre de 2010

Noche filarmónica, banquete musical

Anoche 23 de noviembre de 2010, la Orquesta Filarmónica de Puerto Rico celebró sus 60 años de su fundación en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré. El evento de llamó Géneros, por los géneros musicales que interpretaron. La Orquesta Filarmónica la fundó don Arturo Somohano y debutó en el Teatro Tapia un 12 de octubre de 1950, el mismo año en que nací.  Don Arturo es el responsable de sacar la bomba y la plena del arrabal y vestirla de gala y elevarla a nivel filarmónico. Ejecutoria por la que fuera duramente criticado por los puristas de la época.

Como la actividad comenzaba a las 8:00 de la noche, decidí salir a las 7:00. Sin embargo, cual fue mi sorpresa al toparme con el enorme tapón para acceder al estacionamiento del Centro de Bellas Artes. Los familiares de Cristóbal, los colones, intentaban sin ningún éxito adelantarse para evadir la cola. A las 7:30, ya no había cupo en el estacionamiento.  Por tal razón, decidí salirme de la fila y pagar un poco más en el estacionamiento del Centro Europa.  Por suerte, conseguí un estacionamiento en el tercer nivel.

Al llegar al Centro, comprendí por qué a las 7:30 ya no había espacio disponible en el estacionamiento.  Creo que si sumaba las edades de los presentes, llegaría al número de años que tiene la tierra tiene de formada.  A vuelo de pájaro, pude notar que el más joven de los asistentes tendría, como mucho, algunos 45 años. 

Ya al momento de entrar, observé al «muchacho» que estaba delante de mí, que enseñaba su licencia de conducir porque tenía un boleto de senior. De inmediato, pregunté al portero, quien me indicó que sí, que había que mostrar evidencia de que uno tenía 60 años o más.  Mostré mi licencia y pasé al vestíbulo.

Ya adentro, todos «los muchachos y muchachas» mostrábamos una gama amplia en nuestra manera de vestir.  Había desde el que llevaba un chaquetón con camisa y corbata, hasta el que vestía mahón y una camisa de manga corta.  Había más diversidad entre «las muchachas». Estas vestían, en su mayoría algún tipo de chal sobre sus hombros para tapar la blusa de brillo que vestían. Algunas llegaron con trajes largos, y hubo otras ataviadas muy desacertadamente con un pantalón que cubría tres cuartas partes de la pierna.

El espectáculo comenzó a las 8:00 en punto. Bravo. De inmediato, aparecieron en el lateral izquierdo del proscenio a quien considero la primera dama del teatro puertorriqueño, Idalia Pérez Garay, acompañada de Carlos Esteban Fonseca. Idalia se veía muy elegante en su traje negro sin manguillos. Carlos Esteban, vestía un sombrero de ala corta que le hacía juego con la chaqueta blanca que vestía. Estos hicieron una pequeña reseña de lo que ha sido la orquesta e hicieron mutis.

Al terminar, se levantó el telón mostrando a todos los integrantes de la orquesta al frente de un escenario. El ciclorama negro con perforaciones simulaba una noche estrellada.  Acto seguido apareció el director, Pedro Rivera Toledo, y dio inicio la fiesta. La orquesta comenzó haciendo homenaje a Sylvia Rexach al interpretar Olas y arenas.

(La única nota discordante era la doña que tuve sentada a mi izquierda toda la noche, quien si no cantaba las canciones, las tarareaba.)

Después del homenaje a Sylvia, llegó la Danza. La sala se quería caer cuando por entremedio de las bambalinas sale una figura diminuta y llena de canas que todos sabíamos muy bien quien era al escuchar los primeros acordes de Verde Luz, era Antonio Cabán, El Topo. Su interpretación de lo que ha venido a ser el tercer himno nacional fue muy cálida y emotiva por la cadencia de la propia pieza.

La emoción siguió creciendo cuando aparecieron Dagmar y Chucho Avellanet para interpretar Alondra en el bosque, una de las piezas más aplaudidas de la noche. Chucho con su voz todavía robusta y bien timbrada y Dagmar, con su voz angelical y vestida como una princesita nos sacaron a algunos una que otra lagrimita.

Luego siguió La Nueva Trova, donde apareció Alberto Carrión interpretando Soy puertorriqueño y Amanecer borincano. Regresó El Topo e interpretó Expresa lo que sientes, Amante corazón y terminó con Solina, Solina.

Le temperatura seguía en aumento. Le siguió Nydia Caro, quien interpretó varias canciones que cantara Lucho Gatica. Regresó Chucho para interpretar enérgicamente Máscara de Edmudo Disdier; le siguió Dagmar con Y entonces. Pero el público se quedó sin respiración ante el tenor Rafael Dávila y la soprano Melliangee Pérez quienes cerraron la primera parte del concierto con Lamento borincano, el otro himno nacional y canción que me hizo recordar la desdicha que vuelve a vivir nuestro pueblo puertorriqueño. Ahora que tú te mueres con tus pesares…

La segunda parte fue más corta.  La orquesta se lució interpretando música de rock en español y hasta un reggae, el cual fue muy bien aceptado por el público. Los muchachos, y estos sí que eran jóvenes de verdad, del grupo Tercer Planeta, se botaron.  Sus caras mostraban orgullo por haberse acoplado tan bien con la orquesta.  Volvió Nydia Caro para cantar Canto solo por cantar; Sophy cantó una ensaladilla de sus éxitos y todos en el público le servimos de coro.

El final fue exclusivo de la Orquesta Filarmónica. Rafael Dávila hizo una interpretación magistral de Granada que arrancó vítores del público, al igual que Melliangee, que cantó Creo en Dios, acompañada del coro Ars Vocalis. 

La fiesta no podía terminar sin el tema emblemático de la Orquesta Filarmónica de Arturo Somohano: Dime. Aquí los pelos se me pusieron de punta al recordar a don Arturo. Me vino a la mente Gualberto Capdeville. Aquí me llegó la nostalgia y me llené de emoción como siempre me pasa cuando escucho Dime. Aquí lloré: …luna bohemia si en tu trasnochar a mi amada la vieras pasar. Dile que vuelva a mí, porque mi corazón sin ella se muere de amor. Fue una noche maravillosa, emotiva, todo un banquete musical.

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