jueves, 13 de enero de 2011

Las fiestas de la calle San Sebastián

Era el 1975. Vivía en un apartamento alquilado en un tercer piso de un edificio viejo en la avenida Ponce de León que miraba hacia a la academia de baile de Nana Hudo. Trabajaba aún en el Tribunal de San Juan y tenía un carrito Mazda que le llamábamos el Correcaminos porque siempre estaba en movimiento y deprisa.

Mi amiga María de los Ángeles Adelaida Avelina Ponce --pero que apodábamos Cuca-- había regresado de España, con sus cuatro cachorritos, a vivir en la casa de sus padres en la calle Bouret. Cuca había trabajado en televisión y sustituyó a Teresita en el Colegio de la Alegría. Lo más que recuerdo de Cuca era su voz melodiosa cuando hablaba por la radio y el vozarrón que sacaba al llamarme desde la calle para que bajara de mi palomar: MAAAAAAAAAAARCIALLLLLLLLLL.

Cuca comenzaba a trabajar en la estación radial del Gobierno, WIPR, y tenía un espacio en el que tocaba temas de interés. Fue Cuca la que se me acercó para invitarme a ir a la calle San Sebastián a participar de las fiestas porque quería hacer un reportaje acerca de las mismas. Por supuesto que accedí. Llegada la tarde, Cuca desgarró su grito tipo Tarzán --MAAAAAAARCIALLLL--; saqué la mano por la ventana para indicarle que ya bajaba. Nos encaramamos en el Correcaminos y partimos hacía San Juan.

Gloria a Dios en las alturas. Recogieron las basuras…

Llegamos alrededor de las 6:30 de la tarde. No recuerdo dónde dejamos el carro. No sé si subimos la cuesta o simplemente estacionamos cerca de la calle.

Apurad que allí os espero si queréis venir pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir.

Noté que había poca gente, quizá por lo temprano. Paseamos por la calle para ver lo poco que tenían colgado en las paredes. Sólo me impresionó un tríptico fotográfico con una pepa de mangó chupada en cada uno de sus segmentos. No sé a quién le interesaría exponer tal cosa en su casa, pero a mí no me gustó.

Entre los que conocí esa tarde, estaba Cajigas. Vestía una camisa tipo Apache, de líneas horizontales y un pañuelo en el cuello. Me impresionó cuando me dijo que tenía 40 años porque parecía de 30 como mucho. Obviamente, su figurita delgada le ayudaba muchísimo. Recuerdo que me habló de intención de montar un taller en la zona portuaria en San Juan.

En ese momento, Cuca me agarró de la mano y me arrastró hasta Los Hijos de Borinquen. Se había encontrado con Ratty Izquierdo, una de las cantantes de la orquesta de Richie Ray y quería que la conociera. Comenzamos a conversar con el dueño de los Hijos quien, de inmediato, nos hizo pasar a un salón al fondo del negocio. Allí se declamó, se cantó. Recuerdo que le comenté a Cuca que la actividad me recordaba la canción La Fiesta de Joan Manuel Serrat. Y hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha. Esa noche se mezclaban la gente encopetada de la ciudad con la parte pueblerina de La Perla.

Ya entrada la noche, conocí a los pintores de San Juan. Conocí a Maldonado, a Miguel Hernández apodado el pintor primitivo. Nos metimos en el Bija, el taller de pintores donde conocí a Tufiño. Compartí con Tufiño, bebí con Tufiño.

Más tarde y con más tragos, salimos a la Plaza San José y cantamos. Ella murió y yo le puse… De repente, alguien se acerca a cantar con nosotros y me empuja para que le hiciera espacio en el grupo. Era Mañengue que había subido de La Perla. Cantamos, bailamos, disfrutamos.

Esa noche fue la noche que Tufiño me regaló y me autografió el cartel representativo de las Fiestas. «A mi amigo Marcial…» Esa noche bajamos la cuesta cuando arriba en la calle se acabó la fiesta. Fue una noche mágica, fue de bohemia y fue una noche de fiesta inolvidable.

viernes, 7 de enero de 2011

Llegaron los reyes, ¡bendito sea Dios!

Ayer se celebró el Día de Reyes, el día de los niños, el día en que todos disfrutan los juguetes que traen los reyes. Ayer la indignación me embargó al ver la improvisación en acción y la inconciencia parental haciéndole coro al desbarajuste vivido por muchos en busca de los regalos del gobernador y la secretaria de la familia.



Ayer escribía que me escandalizaba de lo visto la noche anterior, montones de niños haciendo fila desde las 8:00 de la noche para mendigar los regalos que entregarían los gobiernos estatal y municipal, conjuntamente con el Departamento de la Familia el próximo día. Me pregunté dónde estaban los oficiales del Departamento para que denunciaran a los padres ante tal maltrato. El nombre correcto era: maltrato infantil.



Mi indignación llegó a un grado superlativo cuando vi los vídeos de los noticiarios de la actividad que esperaron muchos desde la noche anterior: un bebé de semanas pasándolo de mano en mano para evitar que quedara pillado ante la avalancha de gente que trataba de entrar al coliseo de manera desordenada y violenta. Como situación “dantesca” lo catalogaba el periodista. Las caras de terror de los menores eran evidentes del pánico que puede sentir un niñito cuando le falta la respiración al quedar pillado entre tanta gente, el niñito o niñita que se percata que se le ha perdido, como dicen en el Departamento, papá o mamá. Dentro del pandemonio, lo que resaltaban eran las caritas de pánico, las caras casi desfallecidas por falta de oxígeno.



La Policía era la que tenía el papel protagónico en esta situación. En honor a la verdad, tengo que decir que los percibí empáticos con los menores y trataban hacer lo imposible para moverlos a una zona segura y evitar una fatalidad que ni parecía importar a muchos. Sin embargo, no vi al gobernador ni a la secretaria. Se habían ido henchidos de emoción ante tal éxito para el próximo centro de mendicidad.



Las reacciones de las personas eran de indignación y coraje, no tanto porque el desorden que hubo ni por el riesgo al que estuvieron expuestos sus hijos o hijas, sino porque no pudieron conseguir las dichosas laptop. Mi desconfianza es tanta que sospecho que los que esperaban desde la noche anterior y recibieron las computadoras ya estaban sobre aviso. Esta actividad me acordó tanto del nuestro alcalde Santini que regala enseres a troche y moche a todos los residentes en los “walk-ups” públicos para garantizar el voto en las elecciones.



La fiesta de Reyes se le amargó a una chiquita cuando, con cara de repugnancia, rechaza el regalo que le ofrece el gobernador como si fuera mierda, porque aparentemente esperaba algo mejor. Triste es lo que nos mostró la niñita de pocos años y quedó grabado como evidencia de una sociedad decadente. Nos dejó de manifiesto la ingratitud que vive la juventud nuestra. Como se puede ser malagradecido desde tan corta edad. Vi cómo le enseñan a los niños a ser parásitos sociales que sólo saben mendigar y exigir lo que se pudieran ganar con el sudor de su frente.



Todavía mi mente no puede borrar la imagen del bebé que parecía un pequeño cadáver que pasaban de mano en mano y pensé: pudo haber sido un cadáver y detrás las lágrimas y gritos de desespero de padres que nunca anticiparon tal consecuencia. Bendito sea Dios, que no fue así. Que diferente al relato que escribiera ayer en el que narraba mis experiencias del Día de Reyes y que dejaba de manifiesto cuan agradecidos éramos de lo poco que los reyes nos pudieran traer.

jueves, 6 de enero de 2011

Llegaron los reyes; se fueron los reyes

El Día de los Reyes (como le decíamos) era el día de los niños. La tradición era conseguir una cajita de zapatos vacía para salir a cortar la yerba y ponerla debajo de la cama la víspera de su llegada.

Recuerdo que no me gustaba la festividad porque solo teníamos dos días, a veces uno, para disfrutar de los juguetes. Luego de los dos días, regresábamos a las clases. Hoy creo que esta situación fue responsable de que las fiestas navideñas dieran más importancia a Santa Claus, quien traía los regalos en vez del niñito Jesús, que las fiestas de reyes.

La llegada de los reyes era el evento emblemático de nuestras navidades. Era el día, según recuerdo, dedicado exclusivamente a los niños. Días antes, nos llevaban a la barbería para que nos recortaran el pelo. Nos vestían con ropita nueva igual que el día de Año Nuevo. Había que estar exacto para la llegada de los reyes.

El día de los reyes alrededor de las 2:00 de la madrugada, se escuchaba por las ventanas del caserío --hoy se llaman residenciales públicos o walk-up públicos-- el sonido de fulminantes de todas las pistolas de vaqueros que nos traían los reyes. Por otro lado se escuchaba: “Acuéstense. Dejen eso para mañana.”

Más tarde en el día, se veían los patines. Los patines era un regalo típico del Día de los Reyes. Salíamos en manada al Parque Muñoz Rivera para ver a los artistas patinadores haciendo sus piruetas y cómo se formaban unas filas larguísimas con la muchachería que casi daba la vuelta al parque. No había patines lineales ni nada de eso. Se amarraban los patines con unas tiras elásticas hechas de framentos de los tubos que se ponían en las gomas de los carros.

No había bebidas durante estos eventos. Se veían los padres y los hijos todos compartiendo en armonía. Las madres se sentaban en los bancos a compartir mientras los muchachos corrían sus patines o los carritos de pedales que corrían los chiquitines. Ya en la adolescencia, como todos sabemos, los reyes nos olvidaban porque ellos sólo regalaban a los niñitos y a los que se portaban bien.

Hoy la tradición ha girado al cachete político del toma y dame entre políticos y padres oportunistas que no se pierden ningún cachete que ofrezca el gobierno. La moda es llevar a los niños a las 8:00 de la noche la víspera del Día de Reyes, a pernoctar y a esperar a que los políticos les regalen juguetes. (Me pregunto dónde se encuentra la Secretaria del Departamento de la Familia ante lo que considero maltrato infantil.) La moda es enseñar a los niños la jaibería de hacer la fila más de una vez para cachetear más de un regalo.

En vez de ir al parque porque la moda es hacer filas frente a la Fortaleza. En vez de jugar, van todos cargados de regalos iguales: bolas de baloncesto, muñecas. Muchos de estos regalos irán a parar al a basura si no son del agrado de los padres. Antes, no. Antes cada regalo era muy preciado porque había costado sudor y, en ocasiones, lágrimas.

El Día de los Reyes se ha convertido en un evento en peligro de extinción. Aunque se celebre, la tradición cambió. La familia se reúne para beber, para comer, y los niños por su lado haciendo lo que les venga en gana sin ninguna supervisión. Ahora tenemos nieve el Día de Reyes, el acto máximo de adoctrinamiento social.

El Día de los Reyes, como yo lo recuerdo, dejó de celebrarse hace muchos años. Me apena que los chiquitines no tuvieran la oportunidad de celebrarlo como lo celebré yo. Había menos, pero más alegría y más agradecimiento.

miércoles, 5 de enero de 2011

Expectativas

Comienza un nuevo año, pero las expectativas vienen desde el año uno. Desde que recuerdo, la gente ha tenido expectativas de que la vida los trate mejor, de que el año nuevo traiga muchas cosas buenas, prácticamente de todo.

Las expectativas más significativas de principio de año son tratar y lograr bajar de peso. No sé por qué porque la comida puertorriqueña que se prepara durante la Navidad no engorda. Qué va.

Cada vez que comienza un año nuevo están las expectativas de los que viven con la esperanza de pegarse en la lotería o en la loto para así dejar de trabajar y vivir de la ganancia del premio. Están las solteronas que esperan que les llegue el príncipe azul, blanco de ojos azules y rubio americanito que las desposará y pondrá a vivir como Makeda, reina de Saba.

Pero a nadie se le ocurre pedir que el año nuevo traiga cerebros e integridad a los políticos del país. Nadie pide que venga otro avaro con más poder y los bote de la legislatura y de las agencias que saquean.

Yo me niego a vivir con expectativas. Defino “expectativas” como lo que quiero que la vida me regale o permita que ocurra. Tener expectativas es vivir con la creencia de que la vida se desarrollará como yo quiero que se desarrolle, que la gente hará lo que quiero que haga. Nada más lejos de la verdad. Las veces que lo he tratado, me he dado contra la pared. Cada cual hace lo que le sale de su reverendo…

Cuando niño, soñaba con que las Navidades duraran más para poder jugar con los juguetes que me traían los Reyes Magos. Se me dio. Santi Clos, como dicen los que salieron de Cuba y dejaron encerrado medio millón, me comenzó a traer los juguetes.

Más adelante, deseé que pudiera mantener un peso normal. Aquí lo logré cuando descubrí que morirme de hambre hacía que perdiera peso. Por años me mantuve a calditos para tener un peso en el que pudiera ponerme los pantalones a la cadera llamados “hip-hoggers” y los “bell-buttoms”. Tan pronto me gradué, que el hambre pudo más y me di cuenta que me había dañado el estómago, se perdió la cinturita que tuve y regresé al peso normal que sobrepasa las 200 libras.

Sin embargo, vivir con expectativas se puede considerar como soñar con pajaritos preña’os. Gran parte de las veces, las personas terminan frustradas.

Trato de aceptar la vida con lo que me ofrece. No puedo tener expectativas de que un político sea honesto, vertical y con palabra porque eso es como pedirle peras al olmo. No tengo control de que los días se desarrollen como quiero; hay que aceptar lo que venga como venga y disfrutármelo. Las veces que permito que el universo se manifieste sin que meta la mano, los resultados son asombrosos y muy beneficiosos para mí. Y tengo momentos de verdadera felicidad. Pero mejor aun, no sufro.

Lo que me entristece es que antes mi país tenía expectativas y vivía esperanzado de que la situación económica mejoraría. Hoy veo como mi pueblo enloquece más por la desesperanza de haber caído en hoyo sin salida. La siquis puertorriqueña ha establecido la agresión contra su conciudadano como respuesta ante la impotencia y la frustración, y tal parece que a nadie le importa un comino.

Los gobiernos se han hecho de la vista larga ante la necesidad apremiante de resolver los problemas del pueblo y de sus ciudadanos, no de sus correligionarios exclusivamente. Hay que tomar las riendas en serio y establecer prioridades. No basta con poner cartelones que nos “enseñen” los valores a distancia, hay que vivirlos mediante el ejemplo. No se puede seguir engañando a un pueblo. Si no cambiamos, seguiremos derechito al holocausto. Sólo se quedarán en la isla las cucarachas, los cubanos y los dominicanos indocumentados.