viernes, 7 de enero de 2011

Llegaron los reyes, ¡bendito sea Dios!

Ayer se celebró el Día de Reyes, el día de los niños, el día en que todos disfrutan los juguetes que traen los reyes. Ayer la indignación me embargó al ver la improvisación en acción y la inconciencia parental haciéndole coro al desbarajuste vivido por muchos en busca de los regalos del gobernador y la secretaria de la familia.



Ayer escribía que me escandalizaba de lo visto la noche anterior, montones de niños haciendo fila desde las 8:00 de la noche para mendigar los regalos que entregarían los gobiernos estatal y municipal, conjuntamente con el Departamento de la Familia el próximo día. Me pregunté dónde estaban los oficiales del Departamento para que denunciaran a los padres ante tal maltrato. El nombre correcto era: maltrato infantil.



Mi indignación llegó a un grado superlativo cuando vi los vídeos de los noticiarios de la actividad que esperaron muchos desde la noche anterior: un bebé de semanas pasándolo de mano en mano para evitar que quedara pillado ante la avalancha de gente que trataba de entrar al coliseo de manera desordenada y violenta. Como situación “dantesca” lo catalogaba el periodista. Las caras de terror de los menores eran evidentes del pánico que puede sentir un niñito cuando le falta la respiración al quedar pillado entre tanta gente, el niñito o niñita que se percata que se le ha perdido, como dicen en el Departamento, papá o mamá. Dentro del pandemonio, lo que resaltaban eran las caritas de pánico, las caras casi desfallecidas por falta de oxígeno.



La Policía era la que tenía el papel protagónico en esta situación. En honor a la verdad, tengo que decir que los percibí empáticos con los menores y trataban hacer lo imposible para moverlos a una zona segura y evitar una fatalidad que ni parecía importar a muchos. Sin embargo, no vi al gobernador ni a la secretaria. Se habían ido henchidos de emoción ante tal éxito para el próximo centro de mendicidad.



Las reacciones de las personas eran de indignación y coraje, no tanto porque el desorden que hubo ni por el riesgo al que estuvieron expuestos sus hijos o hijas, sino porque no pudieron conseguir las dichosas laptop. Mi desconfianza es tanta que sospecho que los que esperaban desde la noche anterior y recibieron las computadoras ya estaban sobre aviso. Esta actividad me acordó tanto del nuestro alcalde Santini que regala enseres a troche y moche a todos los residentes en los “walk-ups” públicos para garantizar el voto en las elecciones.



La fiesta de Reyes se le amargó a una chiquita cuando, con cara de repugnancia, rechaza el regalo que le ofrece el gobernador como si fuera mierda, porque aparentemente esperaba algo mejor. Triste es lo que nos mostró la niñita de pocos años y quedó grabado como evidencia de una sociedad decadente. Nos dejó de manifiesto la ingratitud que vive la juventud nuestra. Como se puede ser malagradecido desde tan corta edad. Vi cómo le enseñan a los niños a ser parásitos sociales que sólo saben mendigar y exigir lo que se pudieran ganar con el sudor de su frente.



Todavía mi mente no puede borrar la imagen del bebé que parecía un pequeño cadáver que pasaban de mano en mano y pensé: pudo haber sido un cadáver y detrás las lágrimas y gritos de desespero de padres que nunca anticiparon tal consecuencia. Bendito sea Dios, que no fue así. Que diferente al relato que escribiera ayer en el que narraba mis experiencias del Día de Reyes y que dejaba de manifiesto cuan agradecidos éramos de lo poco que los reyes nos pudieran traer.

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