El Ángel
(Revisado)
Marcial Torres Soto
A todos los que perecieron a manos de El Ángel de los solteros.
No podía gritar. El pañuelo me atragantaba. Tenía desencajada la mandíbula. Estaba solo. ¡Con un psicópata en mi casa! ¿Cómo salgo de esta?
Aquel año viejo, correteé por San Juan hasta llegar a La Abadía. Allí emborraché
la infidelidad de Alfonso. La discoteca estaba tepe a tepe. Costara lo que me
costara, sería una despedida de año inolvidable. ¡Qué imbécil fui!
Llegué
hasta la barra y pedí un trago. Al volverme, en la puerta se encontraba Alfonso
y su compañero actual. Me oculté en la parte más oscura de la pista. Desde
allí, me deslumbró el chico cerca del baño. Parecía rondar los veinticinco
años, seis pies de estatura y ciento ochenta libras de musculatura. Su mirada
me radiografió. Había algo litúrgico en su mirada Le sostuve la mirada.
―Hi, there
―dijeron. Me viré y era él.
―Well
hello, sweetie ―contesté.
No escuché el vaticinio de la música de Gloria Gaynor : …oh, now go, walk
out the door. Just turn around. Now, you’re not welcome anymore.
Weren’t you the one who tried to break me with desire? Did you think I’d
crumble? Did you think I’d lay down and die?
Me agarró por la mano y me
llevó a la pista.
―¿Cómo te
llamas?
―Sammy,
pero prefiero Ángel.
―Bueno,
pues encantado, Angelillo.
―Angelillo,
no; Ángel —respondió molesto.
Luego del regaño, me coqueteó con los ojos y me besó. Por encima del hombro de
Ángel, noté la molestia de Alfonso. Agarró a su acompañante por el brazo, le
dijo algo al oído y se marchó.
Ángel y yo recibimos el nuevo año y bailamos gran parte de la noche. Bajamos
corriendo las escaleras del local. Subimos por la calle La Cruz hasta llegar a
la calle Sol. Allí, me detuve frente al edificio de tres pisos, abrí la puerta
y entramos.
Apurado
abrí la puerta, y, en la penumbra, comenzó el desenfreno. Nuestros cuerpos
enredados se hicieron uno. Se estudiaron, Se conocieron. Forcejeamos por
quitarnos la ropa que entorpecía el descontrolado apetito animal.
Ángel se levantó primero. Noté el puño que hizo con la mano derecha y pegó
contra la izquierda al mismo tiempo que, todavía desnudo, caminó por el pasillo
del apartamento; regresó airado. Me agarró por el pelo y me levantó del sofá.
Lo empujé, me inmovilizó doblándome el brazo en la espalda. Quise zafarme, pero
fue inútil. Entonces agarró un jarrón que había sobre una mesa al lado de la
puerta, lo reventó en mi cabeza y no supe más.
Al volver en mí, estaba atado a una silla con el cable telefónico, y con un
pañuelo metido en la boca. Ángel estaba frente a mí observándome. Me arrepentí
de haber invitado a un lunático a mi hogar; supe que estaba perdido.
Mi agresor se acercó al Magnavoz. Lo encendió. Subió el volumen al escuchar a
Donna Summer Love to love you, baby. Dio media vuelta frente al
tocadiscos y se recostó del equipo. Aquel demente me frotó los genitales y
contoneó el cuerpo. Me asqueó sentir su la cara contra la mía.
Merodeó por el apartamento hasta llegar a la cocina. Me aterré más cuando me
frotó el filo del cuchillo por la boca. Sentí el metal penetrar la piel. Otra vez no supe más.
De ahí en adelante, vi todo desde fuera de mí sin comprender nada. Allí estaba
aquel cuerpo inerte bañado con la sangre que emanaba de las heridas. Desde lo
alto vi cómo elevó los brazos y los bajó con vigor sobre mí. El cordón que me
ataba a mi masa corpórea partió. Sentí paz.
Wow! Mr. Tower, I admired your talent!! This short story is awesome, clear and warm like the blood that flows in my body. In both settings I could see myself there. The characterization was great.The dialogue flows naturally..., you are a genious!!
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